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jueves, 15 de octubre de 2009

CARTA DE CARLOS GAVIRIA A LA MILITANCIA DEL POLO

Carlos Gaviria Díaz, Bogotá, octubre 14 de 2009

Queridas compañeras y compañeros: Les envío un saludo muy cordial, un abrazo solidario y les expreso mi profundo agradecimiento a todas las personas y organizaciones que respaldaron nuestra propuesta política en la consulta del PDA para la elección de su candidato a las próximas elecciones presidenciales.

El veredicto popular nos fue adverso y como demócratas, respetuosos de las reglas de juego, tenemos la obligación de reconocer el triunfo del doctor Gustavo Petro y apoyar su candidatura, en el marco de los Estatutos del Partido, del Ideario de Unidad y de las directrices programáticas acordadas por las instancias competentes de nuestra organización política.

Las divergencias, que mantuvieron viva la controversia durante la campaña, no pueden ser óbice para el apoyo decidido y entusiasta a quien ha recibido el respaldo de los electores como candidato único.

El debate interno, que enriquece nuestro proyecto debe continuar sin perder de vista, en ningún momento, que sólo la consolidación de la unidad nos permite afirmarnos como opción real de poder.

Desde mi nuevo estatus, de simple militante, reitero mi plena solidaridad con el Partido y mi propósito indeclinable de seguirlo acompañando en su destino futuro, que tiene que ser cada vez más promisorio en función de nuestra meta: la construcción de una Colombia en paz y democrática, recogido certeramente en nuestro eslogan: “Por un país decente”.

CARLOS GAVIRIA DIAZ

sábado, 12 de septiembre de 2009

CARTA A LA JUVENTUD COLOMBIANA

Carlos Gaviria Díaz, Precandidato presidencial por el PDA, Bogotá, septiembre 9 de 2009.


En mis doce propuestas para la construcción de un país decente manifesté mi preocupación por el proceso de desinterés, escepticismo y apatía de la juventud frente a la política en Colombia. Este proceso desafortunado se debe en buena medida a la progresiva degradación del ejercicio de la política y a la exclusión de la juventud de las instancias decisorias y de los órganos de poder y dirección de los partidos políticos tradicionales.

A pesar de que lo anterior sigue siendo cierto, me ha producido especial regocijo la presencia masiva y entusiasta de jóvenes de ambos sexos, particularmente universitarios de todas las regiones del país, en el desarrollo de las actividades de mi campaña por la candidatura presidencial del Polo Democrático Alternativo en los últimos dos meses. Esta participación me llena de optimismo y me lleva a pensar que si a la juventud se le ofrece una propuesta que incluya sus problemas y trate de dar respuesta a sus expectativas - tal como la que he venido poniendo a su consideración - y se le dan oportunidades reales de participación efectiva, responde creativa y decididamente.

Es una vergüenza y una desgracia que ustedes no hayan podido conocer y disfrutar aun lo que es la paz y que muchos y muchas de ustedes tengan que padecer sin merecerlo la negación de los derechos básicos a la educación, la salud, la vivienda y el empleo. Y si bien algunos de ustedes aceptan pasivamente dicha situación, e incluso apoyan en ocasiones a los gobernantes que han mantenido y agravado este estado de cosas, es cada vez mayor el número de jóvenes que se rebelan y emprenden la búsqueda de caminos de solución y de transformación civilizada de esta sociedad.

Como expresé en mi propuesta de gobierno, los jóvenes de ambos sexos constituyen la mayor fortaleza y esperanza de Colombia. En sus manos van estando progresivamente las principales responsabilidades en todos los campos de la vida personal y social, y de su creatividad y compromiso se esperan las soluciones de fondo a los graves problemas que hoy enfrenta el país. Quiero invitarlos e invitarlas una vez más a superar la apatía política y a avanzar en la construcción de la democracia en nuestra patria, comprometiéndose no con caudillos o presuntos mesías, sino con programas y propuestas a la medida de sus sueños, lideradas por partidos, grupos y personas que merezcan su confianza mediante una práctica coherente, democrática y éticamente fundamentada. Yo no sólo los invito a apoyar mi propuesta. Los convoco a construir el país que se merecen y que hasta ahora se les ha negado.

COLOMBIA Y LA REPÚBLICA PLATÓNICA

Carlos Gaviria Díaz, El Tiempo, septiembre de 2009


"Mientras no estén en la cárcel (los congresistas investigados por la parapolítica), voy a seguir pidiendo sus voticos para que apoyen mis iniciativas". Álvaro Uribe, presidente de Colombia.


Aún muchas personas que no han leído a Platón conocen su propuesta de una República aristocrática donde los más sabios, que son a la vez los más virtuosos, han de ser los llamados a gobernar el Estado-ciudad.

Por ser los mejores, su conducta es el modelo al que deben mirar los demás integrantes de la comunidad política para que, imitándolo, también su comportamiento sea irreprochable; es decir, virtuoso dentro de la concepción platónica.

Para quienes tenemos convicciones democráticas, excluyentes de cualquier justificación mítica de estratificación social, el proyecto de "el divino Platón" resulta inaceptable de raíz, pero contiene ingredientes que no pueden desecharse de plano, pues resultan esclarecedores de situaciones tan desconcertantes y anómalas como la que hoy caracteriza la vida de nuestro pobre país. Veamos.

Si quien gobierna ha de ser modelo de virtud, porque la conoce y no puede hacer otra cosa que practicarla (así pensaba Platón), su práctica política ha de ser simultáneamente pedagógica puesto que constituye evidente enseñanza de lo que es éticamente impecable.

Pero la experiencia enseña que aun dentro de un contexto tan diferente al que postula Platón, los ciudadanos tienden a legitimar su propia conducta (a tranquilizar su conciencia) confrontándola con la que se les muestra desde las más altas esferas de la sociedad -las rectoras- es decir, desde la cúpula del poder, mediante consideraciones tan simples como estas: "Si ellos lo hacen, ¿por qué no puedo hacerlo yo?; si para ellos es lícito, ¿por qué no ha de serlo para mí?".

En síntesis: aunque el Presidente no sea el filósofo que Platón soñaba, sabio y virtuoso al tiempo, se convierte, aunque no se lo proponga, en ejemplo que los ciudadanos pueden (¡y hasta deben!) imitar.

Que la ética y el derecho son cosa desdeñable para amplios sectores de la sociedad colombiana, es asunto que ninguna persona razonable puede poner en duda. Pero, ¿no constituye ese desprecio el mensaje pedagógico que desde las altas esferas se envía con admirable eficacia?

No puede resultar insólito, entonces, que los ciudadanos de a pie (es un decir, pues si van en Rolls Royce les viene mejor el raciocinio) discurran de este modo: "si al Presidente lo tienen sin cuidado las normas (éticas o jurídicas ) para alcanzar bienes tan deseables para muchos, como el poder y su perpetuación en él, ¿por qué yo he de observarlas cuando está en juego mi propio beneficio?". Si desde los altos círculos del Gobierno se soborna a la vista de Dios y todo el mundo para satisfacer la obsesión patológica por el poder, "¿por qué no he de hacerlo yo a la sombra para gratificar ambiciones más modestas?". Si ciertas organizaciones criminales han mostrado su eficacia en materia de apoyos electorales prestados a quienes nos gobiernan, "¿por qué no he de acudir yo a sus buenos oficios si quiero 'servir al pueblo' desde un cargo público?". Si el asesinato de ciudadanos inocentes e inermes contribuye al éxito de una política estatal, "¿por qué no puedo yo apelar a ese medio, por ejemplo, para incrementar mi patrimonio?".

Y siguiendo el derrotero señalado, los ejemplos pueden multiplicarse hasta el infinito. Como si el comportamiento ciudadano replicara ejemplarmente lo que le enseñan quienes lo gobiernan.

Cualquier persona, entonces, puede colegir que no sólo los filósofos y los virtuosos tienen cosas qué enseñar.
CARTA A LAS MUJERES COLOMBIANAS

Carlos Gaviria Díaz, precandidato presidencial por el PDA, Bogotá, septiembre 10 de 2009


No puede ser decente un país en el que las mujeres sean ciudadanas de segunda. Ni es compatible la decencia con la desigualdad y discriminación de género, en contra de las mujeres, en las labores domésticas, en el acceso a la salud, la educación, el empleo, el salario, las responsabilidades políticas y los cargos en los sectores público y privado. Ni es decente un país que tenga los niveles de violencia contra las mujeres que hoy presenta Colombia tanto dentro de la familia como en los diferentes escenarios de la vida social, e inclusive dentro del mismo conflicto armado que padece el país y en el cual las mujeres son las principales víctimas de la violencia sexual, del desplazamiento forzado, de la viudez y la orfandad.

A lo largo de mi vida profesional y política me he manifestado con claridad en contra de estas discriminaciones e iniquidades de género y he defendido con firmeza la necesidad y la urgencia de construir una sociedad incluyente e igualitaria donde las mujeres tengan el reconocimiento, la participación y el ejercicio ciudadano igualitario que les corresponde.

Dentro del Polo Democrático Alternativo, Partido de izquierda democrática que venimos construyendo con gran empeño y amplia participación de las mujeres, hemos ido logrando el ejercicio efectivo de la igualdad de género y la correspondiente cuota femenina en sus instancias decisorias. La cuarta de mis doce propuestas para la construcción de un país decente se refiere específicamente al reconocimiento de la diversidad y los derechos de las mujeres, tema que espero desarrollemos más ampliamente en el programa definitivo para la presidencia de la República en caso de ser elegido el próximo 27 de septiembre como candidato único del POLO.

Tengo clara conciencia de lo mucho que nos falta por hacer, aún dentro del PDA, por la asimilación efectiva de una perspectiva de géneros y por asumir sus implicaciones prácticas en términos de participación y representación y en todos los órdenes de la vida pública y privada. Pero, por convicción y coherencia y no por la coyuntura electoral, asumo una vez más ante todas las mujeres demócratas de Colombia mi compromiso con sus causas y con la derrota del orden machista y patriarcal abierta o veladamente dominante en Colombia. Tal como expresé recientemente en mi carta a la juventud colombiana, les digo hoy a todas las mujeres colombianas: no sólo las invito a apoyar mi propuesta. Las convoco a construir conjuntamente el país que merecen y que hasta ahora se les ha negado.

lunes, 10 de agosto de 2009

URIBE Y LA BOÉTIE, ACERCA DEL "ESTADO DE OPINIÓN"

Carlos Gaviria Díaz, Bogotá, agosto de 2009


El temor al ejercicio de la libertad personal es un hecho más corriente de lo que ordinariamente se piensa. Sartre habló de la criatura humana como “condenada a ser libre”, lo que suena a paradoja, pero cuando explica que está “abocada a tomar decisiones”, cobra uno conciencia de lo penoso que es decidir, aun en temas triviales, y mucho más cuando lo que está en juego es el sentido de la existencia. El asunto está admirablemente tratado en un hermoso e inquietante libro de Erich Fromm El miedo a la libertad.

Pero hay un precedente ilustre, tal vez menos conocido, salvo en los refinados círculos de las élites escolares: se trata de un texto breve y lúcido escrito en el siglo XVI, por Étienne de La Boétie un poeta y prosista contemporáneo de Montaigne y amigo de los poetas más brillantes de La Pléyade.

Lo que sostiene La Boétie, en síntesis, es que hay personas que sólo son capaces de usar su libertad para enajenarla, y que los tiranos se regodean adiestrando a sus súbditos para que lo hagan. Cultivan en su pueblo la mentalidad de esclavos para que la claudicación de la autonomía resulte gozosa y no dramática. Oigámoslo: “Es lastimoso oír hablar de cuantas cosas los tiranos del tiempo pasado utilizaban en su provecho para asegurar su tiranía; de cuántos pequeños medios se servían grandemente, habiendo encontrado el pueblo hecho a su modo; al cual no sabrían tanto tirar de la brida como él mismo se dejaba llevar, y al cual han tenido siempre tantas buenas mañas para engañarlo que nunca lo sujetaban tanto como cuando se burlaban más de él”.

Los autócratas modernos son, mucha agua ha corrido bajo el puente, más refinados en su método. Convencen al pueblo de que son meros ejecutores de su voluntad, cuando ésta ha sido sutilmente moldeada por el gobernante, según sus propósitos, en un despliegue tan desbordado como ficticio de respeto al querer popular, que concluye en el desconocimiento de las reglas institucionales diseñadas precisamente para resguardar a la democracia de la demagogia. El “Estado de opinión” se sustituye entonces al Estado de derecho.

Pero esa pedagogía perversa cobra su precio: como en un juego de espejos, el pueblo devuelve al gobernante las virtudes que éste se ha empeñado en inculcarle. Es cuando el autócrata encubierto no sabe hacer con la soberanía otra cosa que enajenarla. Ejemplos patéticos recientes ilustran lo dicho, de manera concluyente.
¿No encuentran los lectores alguna analogía con la cesión de bases militares en territorio colombiano, al ejército de los Estados Unidos?

Porque hay quienes aplauden esa decisión de nuestro Presidente.

sábado, 25 de julio de 2009

SOBRE LA ORTODOXIA EN EL POLO

Carlos Gaviria Díaz, Precandidato presidencial por el Polo Democrático Alternativo, El Tiempo, Bogotá, junio 7 de 2009


Cuando uno escucha o lee opiniones sobre lo que sucede en el interior del Polo, incluso procedentes de personas inteligentes e ilustradas que no militan en el Partido pero dicen simpatizar con él, no puede saber con certeza si su falta de tino obedece a información insuficiente o a un sesgo impuesto por sus preferencias, que les hurta toda ecuanimidad.

Voy a referirme sólo a un tópico: ha hecho carrera, y nadie lo discute porque así sucede con los lugares comunes, que en el Polo existe un sector doctrinario, intransigente, tributario de la “vieja izquierda” que aún usa como cuaderno de bitácora un marxismo trasnochado, y una “izquierda moderna”, adaptada a los tiempos que corren y abierta a alianzas que le permitan pasar de una estéril oposición a asumir la dirección del país. ¡Cuán distinta es la realidad! En el Polo convergen tendencias de todos los matices de la izquierda tradicional, y sectores que no beben de esas fuentes pero juzgan que en Colombia son urgentes hondas reformas sociales y de índole política, para que pueda florecer una sociedad democrática.

Tal convergencia tiene como ámbito propiciatorio de la controversia un amplio marco llamado Ideario de Unidad. Dentro de él caben las posiciones más disímiles, con la única condición de compartir las metas, las que, a mi juicio, no sería renuente a compartir ningún demócrata que de verdad lo sea.

V. g.: la defensa de la soberanía nacional, el compromiso con el Estado Social de Derecho (es decir, con la Carta del 91), la adopción de un modelo económico que acompase el crecimiento de la riqueza con su redistribución y propicie la universalización de los derechos económicos y sociales; la búsqueda de espacios de diálogo que permitan explorar por esa vía la terminación del conflicto sin que el Estado renuncie al ejercicio legítimo de la fuerza que monopoliza; el empeño en conseguir una seguridad integral derivada no sólo de la ausencia de actores armados irregulares, sino de la satisfacción de un mínimo (al menos) de las necesidades básicas. Esos, y los demás propósitos de la misma estirpe, regidos por el artículo 2o. de los Estatutos del Partido: “El empleo de las armas para la solución de los conflictos contradice los métodos y los propósitos que propugna el Polo”.

También se encuentran explícitos en el Ideario “la defensa y promoción de los derechos humanos, la tolerancia y el respeto por la diferencia y el pluralismo ideológico, cultural, étnico, político, de orientación sexual y religiosa; … la promoción de la ética pública, la transparencia y la lucha contra la corrupción”.

En vano buscará quien lea el Ideario la dictadura del proletariado, el advenimiento de la sociedad sin clases o la prosecución de alguna utopía implícita en una cosmovisión omnicomprensiva. Ni siquiera la palabra socialismo, ni, mucho menos, la supresión de la propiedad privada hacen parte del catálogo de propósitos comunes que el Ideario condensa.

Si alguien dentro del Polo abriga alguna esperanza en semejantes fantasías, debe asumirla como asunto personal, igual que las creencias religiosas en un Estado laico deben ser asumidas por los fieles como acervo valioso en la dirección de su vida individual, sin interferir en el debate público que ha de adelantarse en un lenguaje común a todos los interlocutores.

Es ese mínimo tan amplio contenido en el Ideario el que se exige de quienes quieran militar en el partido. Allí está comprendida su “ortodoxia”. Si se tratara de la que se deriva del estalinismo, del maoísmo o del marxismo a secas, el primer excluido tendría que ser quien aún funge como presidente del partido. No es, pues, excesivo el contenido doctrinario de nuestro proyecto, pero hay quienes lo encuentran sofocante de sus personales metas y ambiciones.